DE FAMILIAS, DIVERSIDADES E INCLUSIÓN

Dra. Tania Esmeralda Rocha Sánchez

Profesora e Investigadora T.C., SNI 2 Especialista en Estudios de Género y Diversidad Sexual. Unidad de Estudios de Género y Sexualidad Facultad de Psicología, UNAM

Contacto: tania_rocha@unam.mx

Entrevistadora: Mtra. Nalleli María Cedillo Morales | FES Iztacala, UNAM


Cita recomendada:

Cedillo-Morales, N, B. (2020). De familias, diversidades e inclusión. [Entrevista a Tania Esmeralda Rocha Sánchez]. REDES. Revista de Divulgación Crisis y Retos en la Familia y Pareja, 2(1), 44-48. https://doi.org/10.22402/j.redes.unam.2.1.2020.314.44-48


RESUMEN

El presente texto es la primera parte de una entrevista realizada a la Doctora Tania Esmeralda Rocha, profesora e investigadora en la Universidad Nacional Autónoma de México. Sus líneas de trabajo son: estudios de género; género, socialización y cultura; salud, género y diversidad sexual. Se abordan temas relacionados con las familias, inclusión, diversidad y responsabilidad principalmente.

La conversación se centra en cómo la inclusión implica despatologizar la diversidad y cuestionar las normas hegemónicas. Se menciona la importancia de la responsabilidad para la construcción de una sociedad inclusiva.

Palabras clave: familias, inclusión, diversidad sexual, lenguaje incluyente.


E N T R E V I S T A

Muchas gracias por la invitación… Bueno, ahorita estoy participando en distintos proyectos. Todos con el tema en común de reconocer las múltiples violencias, a las que pudiésemos exponernos, en el proceso de transgredir las normas de género.

Estas normas de género, como lo es heteronorma…Yo trabajado con la población LGBTTTIQ… Es decir, personas lesbianas, bisexuales, hombres gay, personas trans, intersexuales y la Q, que habla de las personas que todavía no se definen en el marco de estos cánones de género como femenino o masculino, y que pueden definirse como un individuo no binario, o queer como tal, que inicialmente fue usado como un término despectivo, pero que se ha ido resignificando gracias a este poder transformador del lenguaje.

Estoy en varias investigaciones. Creo que hay una en particular, muy significativa para el campo en que ustedes trabajan. Llevo, aproximadamente cuatro años, trabajando en un proyecto con el título corto de de Familias X =, que significa Familias por igual. Y la idea del proyecto surge por una tendencia, sobre todo en el campo de la psicología, pero también dentro de otras áreas vinculadas a la salud, que aparece, como una inclinación tras las premisas que surgen detrás las preguntas (los cuestionamientos sobre las normas de género) dentro de las investigaciones e interrogatorios, alrededor de las familias frente a esta diversidad que se ha ido visibilizando. No sólo en familias heterosexuales, desde una organización con madre y padre, u otro tipo de configuraciones, con madres o padres solteros, sino también en familias donde la diversidad, en la identidad de género de sus integrantes, es más variada. Con padres y madres trans, o hijos e hijas trans. Y, por otra parte, también con familias donde la orientación sexual no es la heterosexual, familias lesbomaternales, homoparentales o familias con algún integrante bisexual u homosexual.

Entonces, la idea de este proyecto, es cuestionar la forma, en que la visión e interrogación, que predomina en la disciplina ha sido en torno a una pregunta que por sí misma patologiza esa diversidad. Porque comienza por preocuparse en qué efecto tendrá, en el niño, o la niña, el estar en una familia que, para empezar, muchas veces no son consideradas tan siquiera como familia. Por no pertenecer a este prototipo de casita Geo, mamá, papá, arbolito, solecito, niña, niño y perrito. Ser descartada como familia, o sea, una familia integrada por personas que viven una diversidad, de identidad de género, distinta. Una familia que no sea heteronormada.

La idea de este proyecto es transformar esa visión. Pasar de una mirada patologizante a una mirada que reconozca esa pluralidad, esa diversidad y que, hablando quizá, en términos de lo que hacemos dentro de la disciplina, en la parte más clínica y de intervención, el tener una aproximación desde la curiosidad y el deseo de conocer, verdaderamente, la realidad de estas familias, sus necesidades, la manera en la que afrontan retos, precisamente al transgredir estas normas o cánones que se dan por sentado, y conocer más de sus experiencias, lejos de asumir y —o incluso dentro de nuestras preguntas — colocarles como en una suerte de encrucijada en cuanto a la manera en la que deberían de responder.

También valdría la pena decir, que muchos de estos mitos, y de estos prejuicios, parten del desconocimiento que todavía prevalece, incluso, entre nuestras colegas y nuestros colegas, en torno a la diferencia que existe entre la identidad de género, la orientación sexual, el reconocimiento de una diversidad en cuanto a las condiciones sexuadas, es decir, que también sabemos que incluso desde el cuerpo se manifiesta esta diversidad de configuraciones, que romperían la idea de los dos sexos. Y, también, el hecho —reitero — de suponer que la familia como constructo, es algo ahistórico, natural y que no cambia, es decir, ignorar que la familia es un fenómeno de carácter sociocultural.

Entonces, en el proyecto, justo partiendo desde una visión distinta, la prioridad para mí ha sido —insisto — acercarme desde esta curiosidad a conocer —y justo, este, como el reto principal —. ¿Cómo es que, las familias desde toda su diversidad, propositivamente se pueden generar modelos de socialización y de crianza diferentes? Pero incluso propositivos, o mucho más cercanos hacia la idea de igualdad de género, hacia el replanteamiento de estos roles rígidos que supuestamente tendrían que dar las personas de acuerdo al género, para conocer qué clase de valores se priorizan, se transmiten en las familias, rompiendo también —esto que me parece muy importante — la lógica de la unidireccionalidad, es decir, no sólo asumir que los, o las cuidadoras, padres, madres, o cualquier otra persona, enseña a los hijos. Sino, que en realidad todos y todas pueden aprender, justamente, por los retos que supone estos escenarios —digamos, si una familia tiene un hijo trans, habrá muchas cosas que tendrán que aprender —. En parte de esta experiencia lo que se ha hecho evidente, lo que me ha demostrado, es que gracias a esos cuestionamientos que supone el experimentar algo desconocido, y muy confrontador —como lo que podría suponer el tener un hijo trans — es que las familias terminan replanteándose, incluso, los roles que ellos mismos han reproducido casi como un dogma…

Justo pensaba que, en esta conversación, algo que podría darse por sentado, es suponer que esta diversidad es resultado de los últimos años, que es una cuestión de moda, que de alguna forma tiene que ver con esta supuesta ola del imperio gay. —y no sé qué tantas cosas —…

Pero la realidad, es que esta pluralidad, que percibimos, hoy sólo se ha hecho mucho más visible porque, sin duda alguna, hemos ganado un avance muy importante en materia de derechos y de reconocimiento. Generando esta situación en donde, cada vez, las familias y las personas, en particular, en el ejercicio de demandar estos derechos, visibilizan más o hacen distinto el mirar de estas realidades. Sin embargo, esta realidad, quizá, es algo que ha existido siempre y parte del silenciamiento, o de la poca visibilidad al respecto, no es sólo un asunto de derechos. Justo es sólo parte de esta coerción inherente al bienestar de lo hegemónico..Y, reitero, parte de nuestra visión preconcebida puede ser parte de la misma naturaleza del status quo, cuando está diversidad pudo haber sido algo que ha estado presente desde siempre.

Más bien, pensaría que lo que sigue siendo bastante hegemónica es nuestra cosmovisión científica, sobre el intentar esencializar muchas de las cuestiones que atraviesan lo humano. Querer buscar estos rastros, —bueno, ni siquiera buscarlos — dar por sentado que hay una huella evolutiva inamovible, fija.

 En cuanto a la existencia natural como de ciertos patrones. Entonces, creo que más bien, lo hegemónico es —y algunos autores y autoras así lo han problematizado — una cuestión de si tendríamos que seguir utilizando el constructo de familia…

 Con este proyecto, parte de la invitación es —por lo menos y al principio, desde mi perspectiva — pasar del singular al plural. Es decir, justo reconocer que existen diversidad de familias y que, en cada una, más allá de las expectativas, existen diferencias inherentes a las historias de las personas y las dinámicas particulares que podrían establecer. Así como los retos, también particulares, a los que se van a enfrentar. Por ejemplo, esta cosa que discursivamente sí sigue siendo hegemónica, donde se pregunta si será adecuado, o tendrá algo de patológico, insano, el romper ese modelo, que por lo menos simbólicamente, nos hemos creado. De lo que verdaderamente es una familia.

Cuando doy algún taller o alguna charla suelo cuestionar, ¿quién realmente ha crecido en una familia nuclear como la que plantea este modelo? Y bueno, suelo encontrar que ya en esta reflexión, muchas personas fueron educadas, o cuidadas, por alguien que no necesariamente fue el padre o la madre —con casos donde, quizá, crecieron con alguna hermana, con alguna tía, con la abuela, o el abuelo —. Es decir, muchas veces, no se cumple esta expectativa donde se tuvo a un papá y una mamá.

 Aquí es donde comienzan esas transgresiones, ¿no? —A propósito del miedo —, donde se comienza a reconocer que los procesos, de los niños y las niñas en la educación, de la crianza que se pueden dar en la familia, no dependen de los genitales, de la estructura biológica de las personas y tampoco de su identidad de género.

Esto es muy importante —. Cuando yo empecé a hacer el proyecto, siempre he sido clara con que no quería romantizar la idea de las familias diversas, apostando a que iba a ser diferente de entrada, pero también tenía esa cierta expectativa del poder encontrar, tanto en familias heterosexuales como en familias no heterosexuales, ciertas reflexiones y dinámicas que —quizá un poco — entre la inercia del día a día y en la consciencia que se va tomando durante distintos retos que enfrentan, dieran lugar a que se pregunten, bueno ¿y yo cómo quiero educar a mi hija o a mi hijo? Pareciera que a veces la personas alcanzan a tener un poquito de noción sobre el no querer hacer con sus hijos, o hijas, lo que hicieron con ellos. Por el hecho de enfrentarse a múltiples violencias, procesos de discriminación, en los escenarios familiares, en los escenarios educativos —o en los laborales — ellos mismos a lo largo de su vida.

 Entonces, las familias no tradicionales, de acuerdo a este canon hegemónico, tienen que negociar muchas cosas. Desde decidir si van a hacer pública o evidente, frente a alguno de estos escenarios donde pueda darse la discriminación, su configuración, sus identidades, sus orientaciones. O si no lo llevarán a cabo por vivir en un contexto violento… La realidad es que muchas de estas familias, incluso por las mismas prácticas institucionales, a veces se ven obligadas a ser expuestas. Por ejemplo, muchas veces en las escuelas, puede ser cuando se prepara, el diez de mayo, el festival de las madres —o algo parecido — los niños, o niñas, se ven obligados a externar que no pueden sólo hacer un regalo, porque tienen dos mamás. —o quizá, tampoco puede hacer un regalo, porque tiene dos papás —. Entonces, en muchas ocasiones, aquí es cuando las familias tienen que enfrentarse a estos retos.

Todo lo que podemos aprender, con este intercambio con las familias, es ver como muchas más cosas deben ser pensadas. Frente a estos retos de violencia, parte de la inquietud es cómo enseñar, cómo fomentar —a los hijos e hijas — y a toda la familia, a resistir todas esas violencias —y a no responder a través de la violencia, también—.

Todo lleva a que desde un principio logremos  comprender la realidad en la que vivimos, entender y tener conversaciones. Justo ahorita, —que estoy revisando algunas de las entrevistas y charlas que he realizado con las familias — me he dado cuenta como surgen estas preocupaciones con antelación, cómo hay una búsqueda muy cuidadosa por parte de los padres, madres o personas que están frente al cuidado de los niños, niñas o niñes, de tener información oportuna para orientarles, para guiarles. Para saber. —Por ejemplo, en el caso de una familia lesbomaternal, me comentaban su preocupación, respecto a cómo explicarle a su hija, que no conocen a su padre biológico, porque ella fue producto de un proceso de inseminación artificial —. Entonces, me parece que este tipo de preguntas nos demuestran, en principio, el interés de todas estas familias por el bienestar de sus hijos, pero también podemos pensar ¿en qué medida, todos estos escenarios, son el resultado de esos discursos predominantes de la hegemonía? O sea, el pensar que todos los niños, y niñas, deben tener forzosamente un papá y una mamá. Y este tipo de violencias en los discursos, en las prácticas institucionales son tremendamente variados.

 Es importantísimo que se sensibilice a la población, que se hagan conferencias visibilizando este tipo de violencias, darse cuenta que será algo que acontecerá regularmente en la vida. Lo que actualmente trabajo, tiene que ver con un posicionamiento y un cambio de paradigma como psicóloga, como profesionista, que me parece algo muy importante en nuestra disciplina.

Porque desde nuestro hacer profesional, desde la investigación, desde nuestro actuar podríamos caer en reproducir, o seguir reproduciendo, estereotipos y ejercer violencias. No sólo directamente hacia los individuos o las familias, sino sostener un discurso que normaliza ciertas cosas y patologiza otras.

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