EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL WHATSAPP: REFLEXIONES SOBRE LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA.

Mtra. Laura Edith Pérez Laborde

Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Estudios Superiores Iztacala

Docente y supervisora clínica de la Maestría en Psicología. Residencia en terapia familiar.

Contacto: edith.perez@iztacala.unam.mx


Cita recomendada:

Pérez, L. (2019). El amor en los tiempos de whatapp. REDES. Revista de Divulgación Crisis y Retos en la Familia y Pareja, 1(1). 11-17. https://doi.org/10.22402/j.redes.unam.1.1.2019.228.11-17


Resumen

En este artículo abordaremos la comunicación en la relación de pareja como un aspecto fundamental que media su interacción cotidiana y, por ello, puede convertirse en la principal fuente de conflictos ya que cada mensaje que se recibe es interpretado a partir de la forma que en se entiende  y eso no necesariamente implica que así sea. Particularmente, la expresión del afecto puede resultar complicada porque cada persona experimenta y expresa las emociones de un modo único que no siempre coincide con lo que el otro desea y le hace sentir querido, lo cual suele convertirse en un conflicto que puede llevar a la ruptura. Para abordar el tema se utiliza como analogía el intercambio de mensajes en whatsapp.

Palabras clave: comunicación en la pareja, expresión de emociones, amor en la pareja


«El hecho de que alguien no te ame como tú quieras,
 no significa que no te ame con todo su ser»

(Gabriel García Márquez,  El amor en los tiempos del cólera).

En su libro El amor en los tiempos del cólera, el escritor colombiano Gabriel García Márquez nos regala la imagen de un hombre, Florentino Ariza,  que experimenta un amor tan intenso que su cuerpo no puede contenerlo, que le desborda hasta la fiebre, la incapacidad para comer y le hace delirar, de tal modo que, quienes le observan, aseguran que ha contraído cólera. En este delirio amoroso escribe infinitos borradores de las cartas que entregará a su amada intentando estar seguro de que las palabras que le llegarán reflejan la dimensión de sus sentimientos y deseos; sin otro medio para comunicarse, las cartas que intercambian son, por sí mismas, su  relación y, al mismo tiempo, la historia de ésta.

El cuidado y sinceridad que este enamorado pone en cada palabra que queda escrita no siempre causan el efecto que busca; las cartas que recibe de su amada, Fermina Daza,  llenas de palabras amorosas y esperanzadas, no siempre fueron escritas desde el corazón.

Cuando hablamos de relaciones de pareja, quizá uno de los aspectos más complejos es el que tiene que ver con la comunicación de las propias emociones y la interpretación que hacemos sobre las de la otra persona; en el caso de los protagonistas de esta novela ambos expresaron un amor trascendente y enorme a través de sus cartas, pero ella, inicialmente, no sentía eso y usaba sus palabras para alentar el amor de él porque le resultaba motivante la experiencia y no porque estuviera enamorada; para él, las cartas eran la evidencia del amor que ella le tenía y  que corroboraba en el intercambio furtivo de miradas mientras ella caminaba  por la calle acompañada de su chaperona, aunque se negaba a un encuentro.

Así que él sentía su amor correspondido, no sólo por lo que decían las cartas, sino porque ella leía las suyas y tenía la disposición para contestarlas, además, retando la autoridad de su padre, cruzaba miradas con él y notaba su presencia; no estaba equivocado, ella mostraba interés hacia lo que él le proponía. El error era asumir que las palabras que expresaba eran un retrato de sus emociones y que el intercambio de miradas estaba motivado en el mismo anhelo; al ignorar la negativa de ella a un encuentro, dejó de ver la otra parte de mensaje de ella: me interesa esto que hay entre nosotros, pero no lo suficiente como para lidiar con los obstáculos que se interponen.

En esta trama podemos ver claramente que lo que se comunica a través de las palabras y de las acciones puede estar enviando un mensaje con cierta intención y ésta puede ser interpretada de forma equivocada porque la comunicación fluye a través de diversos canales que no siempre tienen el mismo curso, incluso pueden ir en corrientes inversas, como lo fue en este caso.

Sobre la comunicación en la pareja.

Antes de abordar el tema del amor en la pareja,  es indispensable comenzar revisando el de la comunicación. Con mucha frecuencia, las parejas que llegan a terapia plantean que sus conflictos se deben a la falta de comunicación y luego hacen una narración sobre complejas interacciones e interpertaciones sobre las conductas de cada quien, lo cual se expone como evidencia de eso que falta.

La comunicación en realidad no es algo que pueda faltar. De acuerdo con  Watzlawick, Bavin y Jackson (1987), todo lo que se hace y lo que no se hace comunica algo a los demás, de modo que no es posible no comunicar; los mensajes se envían y reciben a través del lenguaje y la expresión corporal pero también tienen un aspecto relacional, de significado y contextual que les da sentido, los ordena y clasifica; una misma frase como: sería bueno que escuches lo que te están diciendo significa cosas distintas cuando la usamos en el contexto de una negociación laboral, en  una charla de amigos o en medio de una discusión de pareja y produce reacciones distintas, es decir, se interpreta diferente;  de manera que no son las palabras solamente las que envían un mensaje sino a quien se las decimos, cómo, dónde, cuándo y  para qué.

También comunicamos sin usar una sola palabra, por ejemplo, podemos guardar silencio y mirar fijamente a quien nos está haciendo un reclamo y esas son dos conductas que dicen algo, que son percibidas por la otra persona e interpretadas por ella.

Partiendo de estas ideas entenderemos que lo que aquella pareja interpreta como una falta de comunicación, porque uno de los dos no dijo nada o lo que dijo no ayudó a resolver, en realidad es un problema que se vincula con la incapacidad para entender y conectarse con lo que la otra persona está, de hecho, comunicando y para dimensionarlo de forma justa respecto a su relación como pareja, sus expectativas, sus dinámicas de interacción, sus necesidades como pareja e individuales y sus maneras de expresar sus emociones. Puede ser que el silencio se deba a que esa persona no desea hacer más grande el conflicto y en ello hay una intención de cuidado hacia la relación, o bien podría ser que esté pensando en lo que le dicen y no sepa aún qué responder porque no quiere decir algo que dañe su relación o lastime a su pareja; en cualquiera de los dos casos podría tratarse de una acción amorosa, que la otra persona interpreta como todo lo opuesto, como un desafío o como indiferencia.

Sobre el amor en la pareja.

El amor en particular es un tema que, casi necesariamente en nuestra cultura,  transversaliza la relación de pareja porque, la mayoría de las veces, se argumenta como la principal razón para constituirse como tal, pero el amor es un sentimiento imposible de definir y expresar genéricamente. Al respecto Mora, et al. (2017) afirman que «el amor no necesita de explicaciones, pues entre más se trata de entender más advierte que no es como se suponía. Entonces el amor es una construcción que realiza la pareja a través de su permanencia, necesidad y deseo» (p.63).

De acuerdo con esta definición, cada pareja construye el amor que les une así como el lenguaje con el que van a expresárselo mutuamente. A través de lo que se va compartiendo, inadvertidamente,  se desarrollan formas de interacción en las que cada uno ajusta sus expresiones amorosas a partir de cómo  percibe que son recibidas y, deseablemente, vamos aprendiendo a entender las formas de entregar el amor que tiene el otro ¡Muy simple!, ¿o no?.

En realidad este proceso no es nada sencillo y, en muchos casos, resulta  una misión imposible generando conflictos que llevan a la ruptura de las relaciones; una queja muy frecuente en las parejas es que alguno de sus integrantes afirma que no se siente suficientemente amado por el otro porque no se lo demuestra, el otro argumenta que, por supuesto, si ama y le molesta que lo que entrega no sea apreciado… ¿alguien está mintiendo,?, ¿hay algo que no están viendo?, ¿alguien actúa con mala intención, está exagerando o pide demasiado?… ¿quién tiene razón?.

Lo más probable es que ambas partes tengan razón y, al mismo tiempo, estén totalmente equivocados respecto a lo que están percibiendo y también en cuanto a lo que creen estar comunicando. Para abordar esta afirmación,  en lugar de recurrir a la compleja teoría de la comunicación, usaré lo que ocurre en un medio de comunicación por demás popular y conocido que es el whatsapp.

Pensando en cada uno de los mensajes que intercambiamos por ese medio, digamos que cada quien tiene ciertas preferencias respecto a la manera de escribir y los emojis que se ajustan mejor a la forma en que le gusta decir las cosas.

La aplicación nos ofrece decenas de alternativas para expresar emociones, hay distintos niveles de risas, desde la que solo es una sonrisa simpática hasta una carcajada que expresa que se nos ladea la cabeza de tanta risa; para elegir el que usaremos ante cierto mensaje recibido es probable que consultemos brevemente entre las opciones que se ofrecen y elijamos la que se ajuste mejor a lo que queremos comunicar; pero esa decisión no sólo tiene que ver con el sentimiento propio, también está influida por otros aspectos como ¿quién nos envía el mensaje?, ¿qué queremos que sepa?, ¿qué tanto cuidado queremos poner en nuestra respuesta?, ¿qué es lo que no queremos comunicar?, ¿qué tanta disposición y tiempo tenemos para buscar la mejor opción?, ¿qué tanta importancia le damos a eso que vamos a responder? y, finalmente, ¿la aplicación tiene una opción que se ajuste exactamente a lo que nos gustaría expresar?.

Hablando de expresiones amorosas, podemos encontrarnos con quienes al final de sus mensajes envían corazones y besos, incluso filas completas de ellos,  a cada persona cercana con quien se escriben porque esa forma de expresar el afecto les resulta útil, cómoda y, seguramente, hay quienes jamás los han usado porque encuentran esos emojis inútiles, ridículos o exagerados, en cambio usan otros como el guiño o una sonrisa para expresar su afecto y sólo lo hacen con personas muy cercanas, en contadas ocasiones.

Sería absurdo calificar a unas como personas que quieren más y a otras como indiferentes o frías a partir de los emojis que usan, lo que es un hecho es que experimentan la cercanía de formas distintas y también expresan su cariño desde lo que les resulta cómodo, congruente y útil; aún más absurdo sería afirmar que unas quieren más que otras, sólo sabemos que unos lo hacen de forma más explícita y convencionalmente acordada, que otras.

El tamaño del amor que siente cada quién no se puede medir, ciertamente tenemos el derecho de sentir y plantear que el modo en que lo expresan no nos gusta o que preferiríamos que lo hiciera de otro modo porque su lenguaje amoroso no nos hace sentir queridos, pero eso es distinto a acusar a la otra persona de no querernos cuando no nos envía besos en los mensajes.

Los emojis disponibles siempre son limitados y no agotan todas las expresiones posibles, pero esto no pasa sólo en el whatsapp. También las personas tenemos un número finito de expresiones sobre nuestras emociones que está mediado por la cultura, el aprendizaje, el género, el contexto particular de cada relación,  el significado que le atribuimos y el espacio que le damos a lo que sentimos  y a la posibilidad de expresarlo.

Un gran problema en la comunicación de sentimientos amorosos se vincula con la dificultad para renunciar al amor romántico, trascenderlo y dejar lugar al amor basado en lo que la otra persona es y no la que debería ser. Lagarde (2001) plantea que necesariamente se vive un duelo al salir del estado de enamoramiento inicial y afirma  que «el amor surge siempre de… la pérdida de las fantasías» (p.81), así que una muy buena parte de las quejas sobre la falta de amor de la otra persona se originan en la necedad de que sea manifestado como al inicio de la relación, lo que genera una especie de incapacidad para comprender el nuevo lenguaje amoroso que ya no está basado en declaraciones infinitas y frases exaltadas, como las cartas del personaje de la novela de García Márquez ; por el contrario, el amor no idealizado implica asumir la individualidad del otro, las diferencias y características que tienen que ver con la búsqueda del bienestar común, con el enfrentar la vida cotidiana acompañados uno del otro; Linares (2010) plantea que después de la fase inicial de enamoramiento se da paso a otra en la que se construye un amor complejo, motivado por la decisión de amar a partir del reconocimiento de la existencia del otro como tal y no como una parte nuestra.

En este sentido,  puede ser que los mensajes en el whatsapp no estén plagados de besos y declaraciones de amor, sino de frases en las que se manifiesta el compañerismo y la complicidad, por ejemplo: ya conseguí el libro que necesitabas, nos vemos al rato; de igual forma puede ser que su convivencia cotidiana no implique grandes momentos de diversión o pasión, sino arduos esfuerzos por conseguir lo que les es importante en su proyecto conjunto como pareja y esa es otra clase de declaración amorosa.

Actualmente se ha identificado que una buena parte de intercambio comunicacional y las expresiones afectivas de las parejas se han depositado en las redes sociales y en el comunicación a través del whatsapp, privilegiando el amor romántico y propiciando actitudes de vigilancia y control entre los integrantes de las parejas (Rodríguez y Rodríguez, 2016).

Con frecuencia escuchamos quejas como: me deja en visto, le mando un mensaje y no me contesta de inmediato aunque está en línea y se pone eso como evidencia de falta de atención -en el menor de los casos-, de interés o, incluso, como desamor. Como seguramente a cualquiera nos consta, la mayoría de las ocasiones nuestra forma de contestar mensajes no tiene que ver  con la importancia que tiene la persona, sino con la que le damos a nuestro celular, al trabajo o la escuela, al derecho que tenemos de no estar  disponibles las 24 horas del día y al hecho de enfrentar diversas situaciones cotidianas que requieren nuestra atención.

También ocurre que las parejas utilicen este medio para discutir temas importantes y complejos de su relación e intenten resolverlos ahí mismo; quizá un extremo, bastante común, es que se envían mensajes de voz uno al otro y esto puede extenderse por horas, incluso durar todo el día; ante esto resulta válido preguntarse ¿porqué no hacen una llamada y hablan directamente?, ¿usan los mensajes escritos o de voz para pensar mejor lo que van a decir? ó ¿para evitar la conversación directa?, ¿si hablaran directamente tendrían un resultado distinto respecto a su conflicto?, ¿empeoraría o mejoraría?, ¿por qué necesitamos que nos respondan de inmediato?, ¿si nos mandan besos o memes todo el día significa que nos aman más o mejor?… ¿para creer en el amor de la otra persona, necesita verse y actuar enardecido de amor como si tuviera cólera?

Ante estas nuevas formas de comunicación que han adquirido un lugar predominante en las interacciones, valdría la pena preguntarse si estos amantes que basan su certeza del amor de la otra persona solo en sus palabras o en sus constantes mensajes plagados de besos y corazones,  están cometiendo el mismo error que Fermina Daza y Florentino Ariza, otorgándole más valor al intercambio de palabras y de emojis que a sus posibilidades reales de construir una relación,  a lo que ocurre en ella y a todo lo demás que la pareja nos comunica y entrega fuera del whatsapp o de las redes.

Vale la pena recordar que las palabras se pueden exagerar al igual que los emojis y que Florentino Ariza habría evitado una vida entera de desamor si hubiera comprendido el mensaje implícito de Fermina Daza quién no sólo evitaba un encuentro a solas con él, sino que solicitó que cesara el envío de cartas y se casó con otro; quizá Fermina Daza tendría que haber visto el tamaño del delirio que inspiraba y haber moderado sus respuestas, en tanto no era su intención, ni podía, corresponder ese amor.

Desde luego, el intercambio de mensajes por whatsapp puede convertirse en extraordinario medio para que una pareja se mantenga conectada, para reforzar lo que ya existe entre ellos y hasta maximizarlo, pero eso sólo puede ocurrir si el resto de los intercambios comunicacionales resultan congruentes con lo que ahí se manifiesta y también depende de qué tanto somos capaces de comprender la dimensión real de los emojis que usa tanto en el whatsapp como en la interacción cotidiana.

A manera de conclusión.

Para cerrar lo que se ha dicho aquí,  parece importante resaltar dos cosas:

  1. De acuerdo con lo que plantea la teoría de la comunicación, la clave para lograr una comunicación efectiva es lograr que lo que expresamos sea congruente con lo que buscamos comunicar, así que habrá que buscar formas para crear los emoticones personales que nos permitan hacer eso y, si resultan incomprensibles para los otros,  enseñarles a leerlos o ajustarlos hasta que sean comprensibles. Así mismo, que la interpretación que se hace ante lo que los demás expresan, es eso solamente, una lectura que hacemos con nuestros ojos y aunque sea real para nosotros, puede que no lo sea para el otro.
  2. El lenguaje amoroso de cada persona es único, así que la mejor forma para que una pareja pueda comprenderse en este aspecto es manteniendo la disposición y la curiosidad necesarias para descubrir las peculiaridades del idioma que cada uno usa cuando habla de amor en lugar de esperar expresiones amorosas que sean iguales a las nuestras o a las de algún estereotipo romántico.

Finalmente, aunque no es el tema que nos ocupa en este artículo,  vale la pena aprovechar este espacio para reflexionar, en estos tiempos de whatsapp como medio común para comunicarnos, sobre su lugar en nuestra relación de pareja. Habrá que  tener cuidado de no confiarle un amor que sea importante al whatsapp… recordemos que las cartas de amor, por sí mismas, no sostienen una relación,  ni tampoco culparlo por aquello que no funciona en la relación de pareja o usarlo como evidencia del tamaño del amor del otro;  en todo caso tal vez habría que pensar que lo que ocurre en el whatsapp nos muestra, únicamente, cómo se comunica el otro… en el whatsapp; la relación como tal, trasciende ese espacio. 


Referencias

Lagarde, M. (2001). Claves feministas para la negociación en el amor. Managua: Puntos de encuentro.

Linares, J. L. (2010). Paseo por el amor y el odio: la conyugalidad desde una perspectiva evolutiva. Revista Argentina de Clínica Psicológica19(1), 75-81.

Mora, Y., Recalde, M. V., Montoya, Y. A., González, M. P., Paternina, D.I …Bedoya, L. M. (2017). Terapia de pareja: reflexiones sistémicas de un grupo en formación. Poiésis, (33), 59-74. DOI: https://doi.org/10.21501/16920945.2496

Rodríguez, T. y Rodríguez, Z. (2016). El amor y las nuevas tecnologías: experiencias de comunicación y conflicto. Comunicación y sociedad, (25), 15-41.

Watzlawick, P., Bavin, J. & Jackson, D. D. (1987). Teoría de la comunicación humana: interacciones, patologías y paradojas. España: Herder.


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