{"id":271,"date":"2019-12-31T03:00:49","date_gmt":"2019-12-31T03:00:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gipps.org\/revistaredes\/?p=271"},"modified":"2024-03-01T00:52:25","modified_gmt":"2024-03-01T00:52:25","slug":"a-dos-de-tres-caidas-los-papas-vs-los-berrinches","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gipps.org\/revistaredes\/analisis\/a-dos-de-tres-caidas-los-papas-vs-los-berrinches\/","title":{"rendered":"A DOS DE TRES CA\u00cdDAS: LOS PAP\u00c1S VS LOS BERRINCHES"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-columns has-2-columns is-layout-flex wp-container-3\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow\">\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/www.gipps.org\/revistaredes\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/JOSE.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-301\" width=\"179\" height=\"187\"\/><\/figure><\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow\">\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Mtro. Jos\u00e9 Rafael Alvarado Navarro<\/p>\n\n\n\n<p><em>Bit\u00e1cora Social M\u00e9xico<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p>Contacto:   kiubo_aynil@hotmail.com  <\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n<hr \/>\n<p class=\"p1\"><strong>Cita recomendada:<\/strong><\/p>\n<p class=\"p1\">Alvarado J. (2019). A dos de tres ca\u00eddas: los pap\u00e1s vs los berrinches. <em>Revista de Divulgaci\u00f3n Crisis y Retos en la Familia y Pareja, 1<\/em>(2), 20-28. https:\/\/doi.org\/10.22402\/j.redes.unam.1.2.2019.238.21-29<\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><strong>Resumen<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">La cibern\u00e9tica ha sido un campo revolucionario tanto en las ciencias duras como en las sociales. En el caso de la psicoterapia, su amplio bagaje conceptual ha permitido desarrollar herramientas anal\u00edticas para explicar lo que ocurre en la familia como un sistema, en cuanto a su estructura, organizaci\u00f3n (primer orden), y reorganizaci\u00f3n (segundo orden). Por ejemplo, hemos aprendido que: 1) los problemas psicol\u00f3gicos no se reducen al individuo, sino que son parte de din\u00e1micas de interacci\u00f3n, donde se conjuntan creencias, comportamientos, emociones, etc.; 2) tales patrones de interacci\u00f3n ocurren y adquieren significado en un contexto dado; 3) puntuar dichos patrones permite desarrollar intervenciones puntuales para modificarlos, e incluso atender los patrones psicol\u00f3gicos a los que se asocian. en funci\u00f3n de ello, el presente art\u00edculo busca describir algunos patrones observados con un problema de crianza que he trabajado a lo largo de 10 a\u00f1os: los berrinches.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Palabras clave:<\/em> negociaci\u00f3n, comunicaci\u00f3n, orientaci\u00f3n sexual<\/p>\n<hr \/>\n\n\n<p>A lo largo de 10 a\u00f1os una demanda frecuente en mi\npr\u00e1ctica como terapeuta ha sido la soluci\u00f3n a una problem\u00e1tica relacionada con\nla falta de autoridad de los padres, la ausencia de l\u00edmites y la p\u00e9rdida de\ncontrol emocional por parte de los hijos, tanto en su etapa de ni\u00f1ez como en la\nadolescencia. Tales situaciones suelo denotarlas como Berrinches. Problemas\ndonde el menor solicita algo (uso de celular, seguir entretenido en los\nvideojuegos, un dulce o juguete en el supermercado, etc.) a un adulto\n(regularmente a sus padres) y al no obtenerlo desencadena una rabieta en\nescalada hasta conseguirlo; o donde el adulto solicita algo al menor (por\nejemplo, irse a dormir, comer verduras, comportarse o dejar de gritar) y este,\nen su negativa, muestra tambi\u00e9n una rabieta para no satisfacer tal solicitud.\nEn ambos casos la rabieta o berrinche suele ser el mecanismo para que el menor\n\u201cse salga con la suya\u201d. El problema surge cuando los padres se sienten\ndesesperados o avergonzados por no poder controlar al menor, frustrados por no\npoder satisfacer en todo a sus hijos, preocupados porque el menor no aprenda o\ncumpla con ciertos \u201cdeberes\u201d o porque no logra controlarse a s\u00ed mismo. En pocas\npalabras, el miedo a la p\u00e9rdida de control, propio o del otro, es una constante\nque parece alimentar recursivamente este tipo de problem\u00e1ticas familiares.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfCu\u00e1l es el patr\u00f3n interaccional que\ndefine al berrinche? Para contestar esta pregunta resulta relevante identificar\naquellos elementos contextuales (factores culturales, sociales, familiares,\nindividuales) que se asocian a los berrinches. Brevemente, de ello tratar\u00e1 la\nprimera parte de este documento. En una segunda parte, describir\u00e9 tales\npatrones, principales actores y din\u00e1micas interaccionales, en espec\u00edfico las\ntriangulaciones que se reflejan. Cabe se\u00f1alar que, en ambos casos, tratar\u00e9 de\ncompartir con el lector una serie de descripciones sobre esta problem\u00e1tica, sin\nla intenci\u00f3n de que \u00e9stas sirvan de explicaci\u00f3n a la misma. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>AN\u00c1LISIS\/DESARROLLO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Gran parte de los modelos sist\u00e9micos y\nposmodernos (Andersen, 1992; Anderson y Goolishian, 1988; Fisch, Weakland y\nSegal, 1988; Kim Berg y Miller, 2002; Haley y Richeport-Haley, 2006; Watzlawick\ny Nardone, 2000; entre otros) han compartido la idea acerca de que la familia\nes la base social para la construcci\u00f3n (interaccional o narrativa) de los problemas\npsicol\u00f3gicos. En este sentido, considerar a la familia como el eje de la\nintervenci\u00f3n terap\u00e9utica resulta relevante, pues se sostiene que la familia es\nel grupo en que se desarrolla una serie de interacciones que al ser\nsignificativas para sus integrantes son interiorizadas e influyen de manera\ndecisiva a lo largo de su desarrollo individual y familiar (Arranz y\nOlabarrieta, 1998, como se cit\u00f3 en Vald\u00e9s, 2007). Es en este contexto en el que\nse desarrollan afectos y situaciones que ayudan a conformar la identidad\npersonal, as\u00ed como aprendizajes que permitir\u00edan asumir responsabilidades y\nresolver problemas (Vald\u00e9s, 2007).<\/p>\n\n\n\n<p>A su vez, resulta relevante entender el\ncontexto social, pol\u00edtico, econ\u00f3mico y cultural donde el grupo familiar se\ndesenvuelve, puesto que en el patr\u00f3n del berrinche he identificado un tercer\nactor clave que va respondiendo a las din\u00e1micas laborales, dom\u00e9sticas y de\ncuidado\/protecci\u00f3n de las familias mexicanas contempor\u00e1neas, pero que no\naparece en todos los estratos sociales, ni en todos los momentos de la historia\nfamiliar. <\/p>\n\n\n\n<p>Para tener un panorama general del contexto\nsociocultural, y hasta pol\u00edtico, de las familias con las que he trabajado (familias\nde clase media baja y baja), es importante hacer un repaso de tres etapas en la\nhistoria de M\u00e9xico, en donde se observan distintos tipos de relaciones\nfamiliares nucleares a las que Esteinou (2008) ha clasificado como\nrestringidas, de compa\u00f1erismo y postindustriales r\u00edgidas y flexibles. <\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, de 1900 a 1950 se desarrolla el\ntipo industrial de <strong>relaciones familiares nucleares restringidas<\/strong>\n(Esteinou, 2008). En esta \u00e9poca M\u00e9xico segu\u00eda un modelo econ\u00f3mico basado en la\nexportaci\u00f3n de productos agr\u00edcolas. Este modelo requer\u00eda fundamentalmente\ntrabajo familiar, por lo que hombres y mujeres estaban involucrados en la\nproducci\u00f3n. Entre 1910 y 1930 la producci\u00f3n cambi\u00f3 de una base artesanal a una\nindustrial que implicaba realizar el trabajo fuera del contexto familiar y\ndedicarle m\u00e1s horas. Esto favoreci\u00f3 el empleo masculino fuera de casa y el que\nlas mujeres se dedicaran al cuidado del hogar y los hijos. En esta \u00e9poca, la\nesperanza de vida era de 35 a\u00f1os en promedio, la mortalidad infantil era muy\nalta y los miembros de la familia ten\u00edan un valor b\u00e1sicamente econ\u00f3mico, todo\nesto era un obst\u00e1culo para que se desarrollaran v\u00ednculos afectivos fuertes en\nlas familias. La relaci\u00f3n padres e hijos era muy r\u00edgida y autoritaria. En 1930\nel Estado estableci\u00f3 que para celebrar el matrimonio religioso era requisito el\ncivil, y el n\u00famero de matrimonios en el pa\u00eds comenz\u00f3 a crecer (Esteinou, 2008).<\/p>\n\n\n\n<p>En el periodo comprendido de 1950 a 1970, se\nubica el tipo industrial <strong>de relaciones familiares nucleares de compa\u00f1erismo<\/strong>,\ncaracterizado por una gran migraci\u00f3n de las personas a las ciudades. La\nesperanza de vida aument\u00f3 y la tasa de mortalidad infantil disminuy\u00f3. Las\nfamilias eran m\u00e1s grandes y se desarrollaban v\u00ednculos afectivos m\u00e1s fuertes.\nLos ni\u00f1os ya no eran vistos como fuerza de trabajo, sino como individuos que\nrequer\u00edan educaci\u00f3n y cuidado. Las mujeres se identificaron con el rol de\nmadres y amas de casa y los hombres con el de proveedores econ\u00f3micos (Esteinou,\n2008).<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, de 1970 al a\u00f1o 2000, encontramos el\ntipo postindustrial de <strong>relaciones familiares nucleares r\u00edgidas y flexibles<\/strong>.\nEl <strong>tipo r\u00edgido<\/strong> es el modelo predominante, se caracteriza por un aumento\nen la edad para establecer la primera uni\u00f3n, una disminuci\u00f3n del n\u00famero de\nhijos, cambios en las pr\u00e1cticas de crianza en la que los varones se involucran\nm\u00e1s. Las relaciones padres-hijos son m\u00e1s democr\u00e1ticas y afectivas. Sin embargo,\nen este tipo de relaci\u00f3n predomina la divisi\u00f3n del trabajo en funci\u00f3n del\ng\u00e9nero y hay una gran dependencia econ\u00f3mica de las mujeres (Esteinou, 2008). El\n<strong>modelo flexible<\/strong> parece ser la tendencia que han seguido las familias\nmexicanas: la mujer participa activamente en el mercado laboral y los varones\nse involucran un poco m\u00e1s en el cuidado de los hijos, aunque las mujeres siguen\ndedicando m\u00e1s tiempo a las labores dom\u00e9sticas (han sumado roles, m\u00e1s que\ncompartido los mismos con el var\u00f3n). Los conflictos parecen provenir del\ncontinuo proceso de negociaci\u00f3n realizado por la pareja (Esteinou, 2008). <\/p>\n\n\n\n<p>Pero este autor se refiere solo a las din\u00e1micas\nde las familias nucleares de la clase media t\u00edpica, dejando de lado la noci\u00f3n\nde familia extensa, m\u00e1s relacionada con la familia de clase media baja\n(Bit\u00e1cora Social, 2015): sujetos que por consanguinidad o afinidad viven, conviven\no sobreviven gracias a la cercan\u00eda entre s\u00ed. Son familias que comparte un mismo\nespacio, que, a diferencia de la clase media t\u00edpica, traspasan la nuclearidad\npara definir din\u00e1micas cotidianas donde todos participan para la satisfacci\u00f3n\nde las necesidades de la familia y donde los roles pueden estar definidos de\nmanera tradicional, pero en la pr\u00e1ctica estos son intercambiables para\nfacilitar la supervivencia. As\u00ed, una madre puede ser proveedora econ\u00f3mica,\nigual que el padre o un abuelo; un hijo puede hacerse cargo del cuidado de los\nmenores tanto como una madre o un adulto. En un contexto como este, los padres\nsuelen considerar que no cumplen con su rol de \u201cbuenos padres\u201d pues tienen que\nsalir a trabajar y no pasan tiempo con sus hijos, por lo que est\u00e1 creencia facilita\nla permisividad con respecto a l\u00edmites y al cumplimiento, o no, de ciertos\ndeberes. Es decir, la culpa que sienten los padres por dejar a los hijos mucho\ntiempo sin atenci\u00f3n y afecto suele llevarlos a cumplir m\u00e1s r\u00e1pido con las\nsolicitudes del menor o a desistir m\u00e1s f\u00e1cilmente a sus propias demandas,\ncuando la rabieta aparece. <\/p>\n\n\n\n<p>Sumemos a ello, la lucha de poder que se da\nentre padres y abuelos. En cierto sentido, los padres creen que deben tener\nautoridad sobre sus hijos, pero estos suelen \u201cobedecer\u201d m\u00e1s a los abuelos, t\u00edos\no hermanos parentales o a quienes identifican con dicha autoridad, cuando los\npadres no est\u00e1n presentes. Tal situaci\u00f3n desencadena malestar en los padres y\nrispidez en la relaci\u00f3n entre estos y el tercero en cuesti\u00f3n. La lucha por la\nautoridad y la imposici\u00f3n de l\u00edmites suele estar presente en estas\ncomposiciones familiares. <\/p>\n\n\n\n<p>La noci\u00f3n de \u201cfamilia tradicional-nuclear\u201d ha\nsido una de las nociones por las que m\u00e1s se ha apostado. Sin embargo, las\ncondiciones culturales, sociopol\u00edticas y econ\u00f3micas del M\u00e9xico actual no han\npermitido que este modelo de familia trascienda y permanezca en toda la\nsociedad. Es un ideal, pero no parece necesario. <\/p>\n\n\n\n<p>Ejemplo de ello es que la mujer\/madre se ha\nabierto paso, poco a poco y con mucha dificultad, en el \u00e1mbito p\u00fablico,\nposicion\u00e1ndose tambi\u00e9n como proveedora econ\u00f3mica, y no s\u00f3lo emocional. El\npadre, ante esta situaci\u00f3n, ha tenido que aceptar que no es el \u00fanico proveedor\necon\u00f3mico, actividad que defin\u00eda su identidad y su rol en la familia. Resultado\nde ello es que ha sido impulsado al \u00e1mbito privado para el cuidado de los hijos\ny el apoyo en actividades dom\u00e9sticas, lo que no significa que \u00e9l lo\nproporcione. Tambi\u00e9n se ha identificado que, ante la salida de ambos padres al\n\u00e1mbito laboral, se tiende a involucrar a otros actores en el cuidado de los\nhijos, ya sea en el \u00e1mbito p\u00fablico, por ejemplo, guarder\u00edas, estancias\ninfantiles etc.; o en el \u00e1mbito m\u00e1s privado, auxili\u00e1ndose de otros miembros de\nla familia, por ejemplo, t\u00edos o abuelos. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta perspectiva, la transformaci\u00f3n en la\nfamilia ha sido el resultado de los cambios globales y nacionales en t\u00e9rminos\necon\u00f3micos, demogr\u00e1ficos, sociales, culturales y de consumo. En este sentido,\nse puede hablar de la transformaci\u00f3n de la familia mexicana a partir de 4\ndimensiones:<\/p>\n\n\n\n<ol><li>Diversificaci\u00f3n de las estructuras y arreglos\nfamiliares<\/li><li>Incremento del n\u00famero de hogares de doble o m\u00e1s\ningresos<\/li><li>Incremento del n\u00famero de hogares con jefatura\nfemenina o transgeneracional <\/li><li>Intercambio de los roles de g\u00e9nero<\/li><\/ol>\n\n\n\n<p>En este contexto tambi\u00e9n se observa una alta\nincidencia de hogares monoparentales con jefatura femenina. Esta nueva\ntendencia se asocia a diferentes factores, como la viudez, la decisi\u00f3n de las\nmujeres para convertirse en madres solteras, a la separaci\u00f3n y el divorcio,\nentre otras. Por ejemplo, la informaci\u00f3n del Censo de Poblaci\u00f3n y Vivienda (INEGI, 2016)\nmuestra que, en el pa\u00eds, 54.1% de la poblaci\u00f3n de 12 a\u00f1os y m\u00e1s est\u00e1 casada o\nen uni\u00f3n libre. La poblaci\u00f3n soltera representaba un 34.7% y el 11.1% estaba\nseparada, divorciada o viuda. Seg\u00fan el\nINEGI (2016), en el 2014 en M\u00e9xico se registraron 577, 713 uniones conyugales\n(matrimonio y uni\u00f3n libre) y 113,478 divorcios en el mismo a\u00f1o. En 1993, por\ncada 100 enlaces matrimoniales se dieron cinco divorcios, mientras que en 2011\nesta cifra aumento a 19.6.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos ejemplos demuestran que la concepci\u00f3n de\nla familia como un sistema est\u00e1tico e inmodificable resulta dif\u00edcil de sostener. Es as\u00ed, que cada familia va definiendo los\nroles que jugar\u00e1 cada miembro de esta para satisfacer ciertas necesidades:\nsupervivencia, cuidado, educaci\u00f3n, etc.; cada miembro se insertar\u00e1 en din\u00e1micas\ny relaciones familiares muy particulares para cumplir y satisfacer las\nobligaciones, responsabilidades y necesidades que deriven del rol que elija o\nse le atribuya. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En estas estructuras y din\u00e1micas familiares he\nidentificado aspectos particulares sobre el berrinche. As\u00ed pues, en la segunda\nparte de este an\u00e1lisis describir\u00e9 \u201cnuevos\u201d patrones interaccionales o\nmayormente recurrentes, en mi trabajo cl\u00ednico, cuando de berrinches se trata.\nNo entrar\u00e9 en detalle sobre los intentos de soluciones (Fisch, Weakland y\nSegal, 1988) o las excepciones (Kim Berg y Miller, 2002), puesto que no intento\nmostrar la forma de intervenir estos patrones o su recursividad; simplemente busco\npuntuar la triangulaci\u00f3n que subyace y sostiene este tipo de relacionamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer patr\u00f3n describe la situaci\u00f3n donde el\nllamado \u201cberrinchudo\u201d quiere algo:<\/p>\n\n\n\n<ul><li>En tal situaci\u00f3n el menor solicita algo al\nadulto (padre, abuelo o hermano parental) o a un par (alg\u00fan hermano u otro\nni\u00f1o, vecino, compa\u00f1ero de clase, etc.), por ejemplo: un juguete, un dulce; o\nquiere hacer algo con lo que el adulto no est\u00e1 de acuerdo: tomar algo, saltar,\nsubirse a alg\u00fan mueble, etc.<\/li><li>El adulto se niega a dar lo que el menor pide,\no proh\u00edbe al ni\u00f1o realizar tal o cual actividad solicitada.<\/li><li>El ni\u00f1o insiste y el adulto insiste en su\nnegativa, hasta escalar y presentarse el llanto, el berrinche, por parte del\nmenor.<\/li><li>El adulto trata de calmarlo, pero sin ceder a\nla solicitud.<\/li><li>El llanto es tal que un tercero intercede a\nfavor del menor. Por un lado, favorece para que el ni\u00f1o obtenga lo solicitado o\nrealice la acci\u00f3n en cuesti\u00f3n; por otro lado, lo apapacha. <\/li><li>Suele ocurrir que el primer adulto contin\u00fae con\nla negativa y se enganche en una interacci\u00f3n de escalada con el otro adulto; o\nque tal escalada no se presente porque ante la primera se\u00f1al de intersecci\u00f3n\ndel tercero en cuesti\u00f3n, el primer adulto cede de inmediato para evitar el\nconflicto.<\/li><li>El primer adulto suele ceder y el tercero en\ncuesti\u00f3n contin\u00faa apapachando emocionalmente al menor.<\/li><li>El patr\u00f3n vuelve a iniciar y a reforzarse\ncuando ocurre otra solicitud del adulto.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Un segundo patr\u00f3n, variante del primero, ocurre\ncuando el tercero es el mismo adulto, es decir cuando se autosabotea y \u00e9l mismo\nresuelve a favor del menor:<\/p>\n\n\n\n<ul><li>La din\u00e1mica inicial es la misma hasta que el\nberrinche est\u00e1 presente. Aqu\u00ed es el mismo adulto el que intercede por el menor\ny rompe con su propia regla, con su propia negativa; y \u00e9l mismo es quien\napapacha al ni\u00f1o, despu\u00e9s de acceder a la solicitud.<\/li><li>Un aspecto importante de este patr\u00f3n es lo que\nKeeney y Ross (1993) llama marco sem\u00e1ntico, refiri\u00e9ndose a los significados que\nse asocian a las inter-acciones. En este patr\u00f3n he identificado 6 razones que\nlos adultos dan para ceder ante el berrinche:<ul><li>El berrinche es muy fuerte o ruidoso.<\/li><\/ul><ul><li>Se averg\u00fcenza porque el ni\u00f1o llora demasiado y\n\u00e9l no puede controlarlo.<\/li><\/ul><ul><li>Se siente imposibilitado para controlar tal\nsituaci\u00f3n.<\/li><\/ul><ul><li>El llanto es tal que el ni\u00f1o deja de respirar,\nlo que atemoriza al adulto.<\/li><\/ul><ul><li>Prefiere evitar el conflicto con el menor, por\ncomodidad.<\/li><\/ul><ul><li>Siente que est\u00e1 siendo mal padre por no\nsatisfacer al ni\u00f1o o por ser responsable de su llanto.<\/li><\/ul><\/li><li>Estos motivos llevan al adulto a ceder y,\nluego, a apapachar al menor.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>El tercer patr\u00f3n se presenta cuando es el\nadulto el que quiere que el ni\u00f1o haga algo o deje de hacer algo. Este puede puntuarse\nde la siguiente manera:<\/p>\n\n\n\n<ul><li>El adulto realiza una solicitud al menor: comer\nverdura, hacer la tarea, dejar de gritar, dormirse temprano, por poner algunos\nejemplos.<\/li><li>El menor ignora la solicitud del adulto, se\nniega a realizarla o dejar de realizar aquello que el adulto le pide.<\/li><li>El adulto insiste y obliga al menor, forcejea\ncon \u00e9l, trata de convencerlo, etc.<\/li><li>El ni\u00f1o insiste en su negativa y comienza la\nescalada hasta aparecer el berrinche.<\/li><li>Un tercero interviene a favor del menor, ya sea\nevitando que el ni\u00f1o realice la actividad o para que contin\u00fae haciendo aquello\nque se le proh\u00edbe; incluso sucede que \u00e9l realiza la actividad por el menor.<\/li><li>El primer adulto discute o cede ante la interpelaci\u00f3n\ndel tercero en cuesti\u00f3n, etc.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Como puede deducirse, el patr\u00f3n 1 y 3 son\nsimilares en cuanto a los enfrentamientos que surgen entre el primer y el\ntercero adulto. La base de esta interacci\u00f3n (de este marco sem\u00e1ntico) es el\nl\u00edmite impuesto al menor, donde tal l\u00edmite es trasgredido, ignorado,\ncuestionado o negado por el tercero; cuestionando o negando, a su vez, la\nautoridad del primer adulto como aquel que define los l\u00edmites. Mientras que en\nel patr\u00f3n 2, la cuesti\u00f3n no es una lucha de poder, sino el miedo, culpa,\ncomodidad o verg\u00fcenza como base del marco sem\u00e1ntico o de significado que\nconstruye.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 del llanto extremo y ruidoso, de\nla falta de ox\u00edgeno o del descontrol emocional, la verg\u00fcenza, frustraci\u00f3n o\nmiedo, etc.; estos patrones resultan interesantes, por un lado, en la medida en\nque son similares al de adolescentes o adultos j\u00f3venes que cometen alg\u00fan delito\ny que son \u201csalvados\u201d por alg\u00fan tercero. Dicho adulto hace lo imposible para que\nel joven en cuesti\u00f3n no sea reprendido o castigado, llevado a la c\u00e1rcel,\ngolpeado, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta misma l\u00ednea de reflexi\u00f3n, el joven m\u00e1s\nque aprender si hizo algo bueno o malo, si algo est\u00e1 permitido o no, si una\nconducta tiene consecuencias negativas o positivas; aprende que siempre habr\u00e1\nalguien que \u201cle cuide las espaldas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Con ello no quiero decir que el patr\u00f3n del\nberrinche anteceda a la delincuencia o genere a un delincuente, simplemente que\nambos patrones muestran similitudes en cuanto a la triangulaci\u00f3n que los\nsostiene y donde un tercero cobra un rol fundamental en mantener la\nrecursividad de dicha din\u00e1mica.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, el patr\u00f3n es importante porque\ndibuja las estructuras y las din\u00e1micas familiares en lo referente a la\nimposici\u00f3n de l\u00edmites y normas familiares y sociales. Muestra una estructura\nbasada no solo en jerarqu\u00edas sino en luchas de poder y alianzas entre miembros\nde la familia (Selvini Palazzoli, Cirillo, Selvini y Sorrentino, 1990),\nmuestran la rigidez o la flexibilidad que matizan tales estructuras (Minuchin,\n1977) y da cuenta de los roles y los conflictos internos que, muchas veces sin\nquerer, sostienen din\u00e1micas interaccionales que suelen ser problem\u00e1ticos para\nla familia o los miembros de esta.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>CONCLUSIONES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A modo de conclusi\u00f3n, recordar que Gregory Bateson\npensaba que en las interacciones humanas se corporizaban los procesos de\nretroalimentaci\u00f3n. Dicho proceso da estabilidad a la organizaci\u00f3n de un\nsistema, sea una familia, una pareja o una cultura. As\u00ed, si bien el berrinche\nes una interacci\u00f3n triangular que aparentemente genera desorden, inestabilidad,\netc.; tambi\u00e9n es cierto que su lectura como proceso recursivo dentro de otras\ndin\u00e1micas familiares muestra la estabilidad que genera en cuanto a otro tipo de\norden social\/familiar dando sentido a mecanismos de compensaci\u00f3n de afecto, de\nparentalidad y de cohesi\u00f3n familiar. Como sostiene Vargas (2004), ciertos tipos\nde organizaci\u00f3n \u201cse puede mantener gracias al control de fragmentos\nintensificados de conducta; se dice que tal organizaci\u00f3n o sistema perdura\ndebido a que es correctivo\u201d (Pp. 8).<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al berrinche, cabe destacar el tipo\nde triangulaci\u00f3n y alianzas familiares en contextos socioecon\u00f3micos\nparticulares. Esto es importante porque las triangulaciones no suceden en el\naire, sino en contextos sociales y culturales particulares que las sostienes.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, las triangulaciones arriba descritas\nson observables en contextos donde ambos padres salen a trabajar porque el\ningreso econ\u00f3mico de un solo adulto no es suficiente para satisfacer las necesidades\nde la familia, por lo que tienen que acudir a la familia para que les ayuden a\ncuidar a los hijos (cerrando el tri\u00e1ngulo); donde m\u00e1s miembros de la familia\nextensa son cercanos a las din\u00e1micas cotidianas de los padres, suelen vivir en\nel mismo lugar o no muy alejados de la familia nuclear en cuesti\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan si\nse trata de una madre soltera<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>. Tales condiciones suelen\nestar presentes en familias de clase media baja, y no necesariamente presentes\nen familias de clase media t\u00edpica o media alta, quienes suelen pagar una\nguarder\u00eda, estancia infantil o a un cuidador(a). En este sentido, resulta importante\nconsiderar la estructura familiar extensa, incluso por afinidad, para ampliar\nla mirada interaccional investigativa y no reducirla a la familia nuclear\ntradicional que, por cierto, resulta ser m\u00e1s un ideal.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta diferencia es sustancial en la medida en\nque los padres de media baja suelen percibir que pierden autoridad ante los\nhijos, porque no pueden entrar en conflicto con el cuidador (regularmente los\nabuelos), de lo contrario no tendr\u00edan con quien dejar a cargo a sus hijos para\nsu cuidado, por lo que la triangulaci\u00f3n es posible. Los padres de clase media\nt\u00edpica o media alta suelen ver el cuidado como un servicio y sienten que\nmantienen la autoridad o la forma de educaci\u00f3n sobre sus hijos, al tener la\ncapacidad de cambiar de cuidador en caso de que algo no les parezca\nconveniente. <\/p>\n\n\n\n<p>Tal diferencia se difumina cuando tanto padres\nde un nivel socioecon\u00f3mico como de otro empiezan a tratar el lado emocional.\nAqu\u00ed he identificado que la mayor\u00eda se sienten culpables por no poder pasar\ntiempo con sus hijos al tener que salir a trabajar la mayor parte del d\u00eda, de\ntal manera que la culpa los lleva a compensar su ausencia. As\u00ed pues, cuando el\nmenor se vuelca a un berrinche, suelen acceder f\u00e1cilmente, autosabotearse en la\nimposici\u00f3n de l\u00edmites, la restricci\u00f3n del menor o en el cumplimiento de una\nconsecuencia, para no sentir que est\u00e1n haciendo un mal papel como padres. El\npegamento que triangula la din\u00e1mica familiar pareciera ser la culpa, en estos\ncasos. <\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u201cperdida de autoridad\u201d, \u201cestablecimiento\nde l\u00edmites\u201d y \u201cculpa por ser mal padre\u201d, no era tan recurrente en generaciones\nanteriores, donde pap\u00e1 sal\u00eda a trabajar y mam\u00e1 se dedicaba solo a las\ncuestiones del hogar, pese a vivir cerca de otros miembros de la familia. Mam\u00e1\nreproduc\u00eda un rol de manera tradicional seg\u00fan la atribuci\u00f3n que se hac\u00eda a su\ng\u00e9nero, al igual que pap\u00e1 como proveedor econ\u00f3mico. Las familias nucleares\ntradicionales, en generaciones anteriores, se manten\u00eda bajo la creencia en la\nfamilia como unidad y origen y fin de todas las cosas, de tal manera que el\nn\u00famero de madres solteras era menor, viv\u00edan con su esposo y no con los abuelos,\no permanec\u00edan en casa y eran quienes se hac\u00edan totalmente cargo de la crianza.\nCon ello no quiero decir que la din\u00e1mica de la familia tradicional sea la\nideal, sino que las condiciones econ\u00f3micas, sociales y pol\u00edticas han influido\nen las din\u00e1micas familiares (en este caso, las triangulaciones), dom\u00e9sticas y\nlaborales, de tal manera que se han reorganizado los lazos emocionales, las\njerarqu\u00edas, los asuntos de poder y autoridad y lo relacionado con los l\u00edmites y\nla educaci\u00f3n, para bien o para mal.<br><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a>\nEl estudio de la familia, dada su complejidad\ny diversidad, resulta una tarea dif\u00edcil y hasta pol\u00e9mica. Barbagli (como se\ncit\u00f3 en Esteinou, 2008) se\u00f1ala tres dimensiones en el estudio de la familia: la\nestructura familiar, las relaciones familiares y las relaciones de parentela.\nLa primera comprende el grupo de personas que viven bajo el mismo techo, la\namplitud y composici\u00f3n de este agregado de corresidentes, as\u00ed como las reglas\ncon las cuales se forma, se transforma y divide. La segunda dimensi\u00f3n se\nrefiere a las relaciones de autoridad y afecto en el interior de este grupo,\nlos modos a trav\u00e9s de los cuales interact\u00faan y se tratan y las emociones y\nsentimientos que prueban el uno con el otro. La \u00faltima dimensi\u00f3n hace\nreferencia a las relaciones existentes entre grupos distintos de corresidentes\nque tengan lazos de parentesco, la frecuencia con la cual se ven, se ayudan y\nelaboran pr\u00e1cticas y estrategias comunes para mantener recursos econ\u00f3micos,\npoder y prestigio. Es importante aclarar que no hay una correspondencia un\u00edvoca\nentre estas tres dimensiones.<\/p>\n\n\n<hr>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Andersen, T. (1992). Reflections on reflecting with Families. En S. McNamee &amp; K. Gergen (Comps.), <em>The therapy as social construction<\/em> (pp. 54-68). Newbury Park-California, United States of America: Sage.<\/p>\n<p>Anderson, H. &amp; Goolishian, H. (1988). Human systems as linguistics systems: Preliminary and evolving ideas about the implications for clinical theory. <em>Family Process<\/em>,<em> 27<\/em> (4), 3-12.<\/p>\n<p>Bit\u00e1cora Social (2015). <em>Niveles Socioecon\u00f3micos y Culturales en M\u00e9xico: Coexistencias, constituci\u00f3n y diferenciaci\u00f3n<\/em>. CDMX, M\u00e9xico: Bit\u00e1cora Social.<\/p>\n<p>Esteinou, R. (2008). Tipos de Familias en el M\u00e9xico del siglo XX. En A. Estrada &amp; D. C. Robichaux (Comps.). <em>Familias y culturas en el espacio Latinoamericano <\/em>(pp. 129-163). D.F. 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De otra forma requiere permiso previo por escrito.  <\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Mtro. Jos\u00e9 Rafael Alvarado Navarro Bit\u00e1cora Social M\u00e9xico Contacto: kiubo_aynil@hotmail.com Cita recomendada: Alvarado J. (2019). 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