¿Y AHORA QUÉ?… EXPERIENCIAS DOCENTES EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Doctora en Psicología por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma de Nayarit.

Doctora en Psicología por la Universidad de Baja California. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma de Nayarit.

Universidad Autónoma de Nayarit


Cita recomendada:

Pérez, L. y Rábago, M. (2020). ¿Y ahora qué?… Experiencias docentes en tiempos de pandemia. REDES. Revista de Divulgación Crisis y Retos en la Familia y Pareja, 2(1), 21-26. https://doi.org/10.22402/j.redes.unam.2.1.2020.293.21-26


Resumen

El siguiente trabajo expone una reflexión en torno a lo que se vive desde la trinchera de la docencia en tiempos de pandemia. Se recogen las experiencias de las autoras, a partir de dos planos teóricos: conocer la interacción de los autores con la experiencia de la docencia y el fenómeno actual que estamos atravesando por la pandemia (autoetnografía). Resaltando que el intercambio de saberes entre docentes y estudiantes, durante el proceso de enseñanza, generaron historias diferentes, ante un discurso de caos y miedo, y cómo estas narraciones biográficas pueden fomentar recursos autotransformadores, en una nueva manera de ser docentes universitarias.
Palabras claves: autoetnografia, narrativa, docencia, aprendizajes autotransformadores.


La actual situación que vive nuestro país, como en la mayoría de los países en el mundo, a partir de la propagación de la epidemia del COVID-19, propicia la oportunidad de un replanteamiento sobre nuestras experiencias de vida, y modos de comportamiento, sea en el plano personal como en el profesional. Por ello, este trabajo centra su temática en la vivencia que como profesoras universitarias hemos tenido, desde el momento en que se da la consigna del resguardo y confinamiento en casa, como medida de prevención en la propagación del contagio, y cómo estas experiencias, invitan a la vez, a cuestionar los escenarios desde donde hacemos y reproducimos la práctica de la docencia, es decir, desde qué historia personal, generamos los conocimientos que compartimos en las aulas, sean reales o virtuales (Haraway,1995).

Cuando hablamos de la palabra docente o profesor, es muy probable que venga a nuestra mente imágenes de lugares tradicionales donde se genera el conocimiento de manera formal: aulas de institutos, escuelas, colegios, universidades, en fin; en esas locaciones como centro de la vida interna, es innegable que se dibuje la figura del docente en interrelación con sus estudiantes. Sin embargo, no son los únicos escenarios de formación académica formal, cada día la era tecnológica aporta un sin fin de opciones en las cuales, el proceso de enseñanza aprendizaje son factibles y sobre todos favorecedores de alternativas, creativas e innovadoras (Aretio, Corbella y Figaredo, 2007; Cáceres-Piñaloza, 2020).

Además, a estas múltiples plataformas tecnológicas existentes, se suman otras que quizás por su cotidianeidad, no son reconocidas y valoradas como las otras. Esas otras a las que nos referimos son las vivencias y suma de experiencias propias, que le dan cuerpo a la construcción del conocimiento desde la experiencia docente (Montenegro, 2014; Moreira, 2018) y que en la literatura se denomina autoetnografía.

La autoetnografía, es una técnica dentro del método cualitativo de la investigación, que se caracteriza por facilitar la reflexión del investigador y lo que sucede en su persona al interactuar en el campo de trabajo. (Blanco,2017; Haraway,1995). Este modo de trabajo, al utilizarse en el escenario de la docencia ayuda al profesor a pensar su quehacer cotidiano en conjunto con los estudiantes, de tal manera que ambos entran en un proceso social de transformación, al compartir sus experiencias (Finnes, 1994; Gergen, 2007; Street, 2003).

Por esa razón, realizamos este ejercicio reflexivo y de cuestionamientos íntimos con respecto a nuestro ejercicio docente y cómo éste se venía modificando a partir de los discursos que sin duda atraviesan e impactan las vivencias particulares con respecto a la epidemia del COVID-19.

La experiencia personal de ser profesora en tiempos del COVID-19.

Estar en contacto con los estudiantes siempre ha sido una actividad altamente gratificante para mi persona, y en el trascurso de estos casi diecisiete años de antigüedad, no ha existido un momento en que no me sienta plena y sumamente satisfecha tanto en lo personal como en lo profesional.

En un día común en aulas, el recurso tecnológico mayor para mi, era el pizarrón y los plumones, todo el tiempo comenté que no me gustaba el uso de otros medios, que la interacción con el estudiante y tener una buena planeación didáctica eran clave para que se dispararan aprendizajes significativos y únicos. Si bien, los recursos tecnológicos siempre estuvieron a mi alcance, jamás los contemple como esenciales para mi quehacer en el aula.

Me asumía como una profesora que generaba la creatividad en los estudiantes; sin embargo, la llegada de la pandemia hizo que probara mi estilo en otros territorios, y que respaldará esos dotes de creatividad que me hacían sentir segura. Como nunca, hubo necesidad de despojarme de los costumbres, formas y maneras conocidas, y explora nuevas, y sí la tecnología entro en mi práctica docente, quién iba a decir que la llegada del COVID-19, traería beneficios.

Así también, de manera unísona, al expandir la experiencia como profesora en lo que respecta a la utilización de la tecnología, me daba cuenta de que los estudiantes en mi clase lo hacían como reflejo, y viceversa. Lo mismo sucedió al trasparentar mis deficiencias y analfabetismo tecnológico con ellos, me apreciaba más cercana y auténtica; en consecuencia, independientemente de otros análisis que se puedan hacer, en lo que a mi respecta, el confinamiento, trajo consigo la posibilidad de una conexión más humana como docente.

En mi caso, de igual manera como mi compañera y amiga, con formación como psicóloga y con 15 años de experiencia en la docente. Posterior a mi egreso de la licenciatura, la vida me fue llevando a la práctica docente tanto en educación media superior como superior. Sin embargo, desde el inicio de mi práctica como hasta el último día de ser docente de manera presencial, había ido adquiriendo, aprendiendo y desaprendiendo a ser docente ante un contexto con no muchos cambios, por lo menos, no tan radicales como lo ha sido la pandemia. Si bien tenia al alcance el uso de la tecnología no había adquirido habilidades para el uso de la educación a distancia o de manera virtual, en gran parte, porque no había sido necesario, ya que todo mi hacer respecto a la docencia era presencial. Sin embargo, ante la situación tanto actual como venidera, me encuentro en la necesidad de generar nuevas maneras de dar clase, asesoría, entre otras, en pocas palabras: construir una nueva manera de ser docente que sea acorde no solo a mi manera preferida de llevar a cabo dicha práctica, sino que a su vez cubra los requisitos que esta nueva modalidad requiere.

Por lo que, la interacción de manera virtual y a distancia, que actualmente hemos desarrollado, nos ha dado la posibilidad de buscar alternativas en actividades que teníamos por sentada. Al rescatar las experiencias e historias alternas y excepcionales de la practica docente ante el confinamiento, pudimos constatar que en la medida en que nos relacionamos de modo más horizontal e igualitaria con ellos, podemos mirar desde su ventana y tener una visión más clara de sus intereses y su potencial. La construcción de historia alterna pone de manifiesto la razón esencial de nuestra elección para ser profesoras: la capacidad de compartir y seguir aprendiendo.

También, otra de las riquezas que esta nueva modalidad de ser docente en épocas de confinamiento ha traído a nuestras personas, es la oportunidad de escuchar a nuestros estudiantes, escuchar el relato del cómo viven ellos y como lidian con esta situación, abrir el diálogo a sus angustias, y a las formas en que logran sobreponerse estos tiempos, ha facilitado construir en colectivo identidades de resistencia. Parafraseando a uno de estos estudiantes: “Si de esta situación, no logramos aprender a ser los mejores psicólogos, primeramente, para nosotros y luego para los demás, entonces, no habremos entendido nunca cuál fue nuestra real vocación”.

Entender que la enseñanza de contenidos teóricos es relevante, pero sobre todo entender que estos tienen cabida en un plano vivencial, subjetivo y que logra que el aprendizaje se torne significativo, ha sido el catalizador para dimensionar esta circunstancia del COVID-19, como una de las más ricas experiencia que como docentes hemos tenido y que, en otro momento definitivamente no hubiera sido posible redefinir nuestro SER docente. Todo esto a que en nuestra experiencia como docentes de educación superior no habíamos tenido la oportunidad de incursionar en prácticas docentes en modalidad virtual o en línea. Lo cual ha implicado un verdadero reto, ya que, de un día para otro nos vimos en la necesidad de ajustarnos a esa nueva realidad y partir de las escasas habilidades desarrolladas respecto a esta manera de llevar a cabo la docencia.

Conclusiones y reflexiones finales

El aprendizaje es necesario entenderlo como un proceso de diálogo con saberes teóricos formales pero enriquecidos por medio de saberes comunes, como las experiencias, dar la posibilidad de enriquecer nuestras prácticas docentes, a eventos como la pandemia que hoy vivimos, puede ser un recurso infinito para propiciar interacciones mas cercanas con nuestros estudiantes. Situarnos no sólo en las posturas teóricas del quehacer académico, sino permitir que los espacios personales y cotidianos contribuyan al proceso formativo, facilitaría visualizar al aprendizaje no como un proceso dicotómico.

El COVID-19, en nosotras como profesoras, ayudó a enfocar nuestra labor como académicas, en todo lo que habita el vínculo relacional, entre estudiantes y nosotras, o lo que se concibe como una comunidad de aprendizaje, donde no importa que rol se lleva, sino la oportunidad del intercambio de experiencias y saberes. Finalmente, este ejercicio de autorreflexión y narración biografía cobran relevancia en los procesos de aprendizaje, pues dotan de un sin fin de oportunidades para situar de modos significativos esos saberes que de manera única e irrepetible se dan. Invitamos a los colegas profesores, que se den la oportunidad de rescatar esas experiencias o anécdotas que este momento histórico como colectivo estamos viviendo.


Referencias

Aretio, L. G., Corbella, M. R., & Figaredo, D. D. (2007). De la educación a distancia a la educación virtual. Barcelona:Ariel.

Blanco, M. (2017). Investigación narrativa y autoetnografía. semejanzas y diferencias. 2(1), 66-80.

Cáceres-Piñaloza, K. F. (2020). Educación virtual: Creando espacios afectivos, de convivencia y aprendizaje en tiempos de COVID-19. CienciAmérica, 9(2), 38-44.

Finnes, M. (1994). Distance and other stances: negotiations of power inside feminist research. En: A. Gitlin (comp.), Power and method; political activism and educational research, Nueva York, Routledge, 13-35.

Gergen, Kenneth J. (2007). Construccionismo social, aportes para el debate y la práctica. Bogotá: Universidad de Los Andes.

Haraway, D., (1995), Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza, Madrid: Ediciones Cátedra.

Montenegro, G. C. (2014). Pedagogía en primera persona. Tejiendo una autoetnografia desde los aprendizajes de la tierra. ISEES: Inclusión Social y Equidad en la Educación Superior, (14), 95-108.

Moreira, M. A. (2018). De la enseñanza presencial a la docencia digital. Autobiografía de una historia de vida docente. Revista de Educación a Distancia, (56), 1-21.

Street, S. (2003). Representación y reflexividad en la (auto) etnografía crítica: ¿voces o diálogos?, Nómadas (Col), (18), 72-79.

White, M. (2016). Mapas de la práctica narrativa. Chile: Pranas.


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